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Las cooperativas de
servicios públicos nacieron por necesidad: grupos de personas se
asociaron voluntariamente para proveerse de servicios esenciales en
aquellas regiones donde el Estado no llegaba y donde la falta de
lucro no tentaba a las empresas privadas.
Muy distinto es el contexto actual (y lo será aún más en el futuro).
Es dable suponer que ahora todas las áreas serán atractivas, y se
generará una fuerte competencia, hecho que nos obliga a formular
algunas reflexiones.
La Alianza Cooperativa Internacional ha definido a la cooperativa
como "una asociación de personas que se han unido voluntariamente
para hacer frente a sus necesidades y aspiraciones económicas,
sociales y culturales comunes por medio de una empresa de propiedad
conjunta y democráticamente controlada."
Es decir que conviven dos aspectos: por una parte es una asociación
de personas que se rigen por principios solidarios, y al mismo
tiempo es una empresa inserta en un mercado altamente competitivo.
El desafío consiste, sin duda, en cómo preservar los valores de la
solidaridad y la cooperación en la dinámica de una acción
fuertemente competitiva, propia de la actual sociedad posindustrial
que tiene como paradigmas la competitividad y la eficiencia.
Existe una función social que deberán seguir cumpliendo las
cooperativas: mantener vigentes los ideales de la equidad,
solidaridad y participación.
Al mismo tiempo, deberán ser eficientes. Está en juego su propia
superviviencia.
Adquiere particular relevancia la capacitación de los recursos
humanos. El rol empresarial que hoy les cabe a las entidades
cooperativas requiere una capacitación especial en diversos aspectos
de gestión, tales como promoción y marketing, administración,
finanzas, etc.
Asimismo, el proceso de globalización torna casi indispensable la
integración cooperativa, como forma de corregir la vulnerabilidad de
las empresas cooperativas aisladas en la economía de mercado.
La integración horizontal generalmente se da en forma regional, y
surge de la necesidad de agruparse sectorialmente en un determinado
ámbito geográfico para lograr una actuación eficaz y competitiva. A
veces constituye el paso previo a las fusiones entre entidades.
La integración vertical se realiza a través de la constitución de
una empresa cooperativa de grado superior. Sus ventajas serían:
Mejor coordinación y más eficiente utilización de los recursos
comunes.
Política de marketing unificada, que permite realizar, entre otras
cosas, campañas publicitarias nacionales.
Identidad única.
Tarifas uniformes, evitando incluso la competencia entre las propias
cooperativas.
Mayor fuerza ante los centros de decisión.
Servicios de alcance nacional.
Posibilidad, en el futuro, de contar con vínculos propios.
Ser interlocutores válidos ante grandes empresas que puedan tener
interés en asociarse con un operador local.
En síntesis, contar con todas las ventajas de una unidad de
negocios.
En definitiva, fortalecer la posición competitiva en el mercado, e
impulsar la cooperación entre cooperativas, para alcanzar una
dimensión de escala que garantice la propia supervivencia de cada
entidad.
Este es apenas un esbozo de nuestro pensamiento. Se podrá
coincidir o no con él. Pero pretende ser un aporte para enfrentar
una realidad insoslayable que nos obliga a adoptar urgentes
decisiones.
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